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Trump impulsa el uso de "superinteligencia" en EE. UU.: la polémica orden que cambia la forma de hablar de IA

30 de septiembre de 2026
Por Mateo Rojas Trump impulsa el uso de "superinteligencia" en EE. UU.: la polémica orden que cambia la forma de hablar de IA
Foto: Alex Knight / Pexels

En un movimiento inesperado que ha encendido el debate tanto en círculos políticos como tecnológicos, el expresidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para que todas las agencias federales sustituyan la expresión "inteligencia artificial" (IA) por "superinteligencia" en sus comunicados oficiales. La medida, anunciada a finales de junio, busca, según sus defensores, revitalizar la imagen de los proyectos tecnológicos del país y estimular una adopción más rápida en sectores críticos como la defensa, la salud y la educación.

Contexto político y histórico de la terminología

El uso de la palabra "superinteligencia" no es nuevo en los debates sobre la IA, pero ha sido reservado mayormente para discusiones académicas y de ciencia ficción. Desde la publicación de "Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies" de Nick Bostrom en 2014, el término ha sido sinónimo de un futuro donde las máquinas superan la capacidad cognitiva humana en todos los ámbitos. En el pasado, administraciones estadounidenses han preferido términos más neutros como "tecnología emergente" o "IA" para evitar alarmas innecesarias. La decisión de Trump marca una ruptura con esa prudencia y refleja su estilo comunicativo directo y a veces provocador.

Detalles de la orden ejecutiva

La orden, firmada el 28 de junio, establece que todos los documentos, comunicados de prensa, presentaciones y plataformas digitales de los organismos federales deberán referirse a los sistemas de aprendizaje automático, redes neuronales y otros componentes bajo el nombre "superinteligencia". Además, el texto indica que la nueva nomenclatura será acompañada de un glosario que explique que, en el contexto del gobierno, "superinteligencia" se entiende como "cualquier sistema que supera la capacidad humana en tareas específicas, sin implicar consciencia o autonomía total". La medida incluye una fase de transición de 90 días para que las agencias actualicen sus bases de datos y material promocional.

Impacto inmediato y reacciones de la comunidad

Las primeras reacciones han sido mixtas. Expertos en ética de la IA, como la profesora Virginia Dignum del Instituto de Tecnologías de la Información de la Universidad de Utrecht, advierten que el término podría generar expectativas desmesuradas y confusión entre el público general. Por otro lado, representantes de la industria tecnológica, entre ellos el CEO de OpenAI, Sam Altman, han señalado que el cambio de vocabulario, aunque simbólico, podría ayudar a romper la barrera de escepticismo que a veces limita la inversión pública en proyectos de IA. En el Congreso, algunos legisladores republicanos aplauden la iniciativa como una forma de “modernizar la narrativa nacional”, mientras que varios demócratas la critican como una estrategia de propaganda sin sustento técnico.

Perspectivas a futuro: ¿una carrera hacia la "superinteligencia"?

Si bien la orden no altera el presupuesto ni la regulación de los proyectos de IA, sí marca una intención clara de acelerar la integración de estas tecnologías en la infraestructura nacional. Analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS) sugieren que la medida podría servir como pretexto para impulsar leyes que faciliten la recopilación de datos y la colaboración entre el sector privado y el gobierno. Además, la adopción del término "superinteligencia" podría influir en la percepción internacional, posicionando a EE. UU. como un líder que no teme hablar de los desafíos y oportunidades que presentan los sistemas avanzados. Sin embargo, la comunidad global de investigación también teme que una narrativa exagerada pueda desencadenar una carrera armamentista tecnológica, donde la velocidad se priorice sobre la seguridad y la gobernanza ética.

Conclusión

La orden de Trump para que el gobierno federal use la palabra "superinteligencia" en lugar de "inteligencia artificial" es, sin duda, un giro inesperado que combina política de imagen con ambiciones tecnológicas. Aunque la medida carece de cambios legislativos concretos, su potencial para moldear la conversación pública y la política de inversión es significativo. El desafío ahora será equilibrar la emoción que genera el término con una gestión responsable, evitando tanto el alarmismo como la sobrepromesa. En última instancia, la verdadera prueba será si esta nueva nomenclatura se traduce en avances tangibles y seguros para la sociedad, o si se queda en un eslogan que alimenta más debates que soluciones.

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Basado en información publicada originalmente por RPP.

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